domingo, 9 de mayo de 2010
Aluciones a la Fe
Y a esto adjunto: Señor, no te hago responzable de nada, ni de lo malo ni de lo bueno que aquí en la tierra suceda. Tengo bien en claro que somos nosotros, los seres humanos, los responzables absolutos de todo lo aquí sucedido. Son las catastrofes y las bellas creaciones de este mundo concecuencias de las acciones del hombre.
viernes, 12 de marzo de 2010
Lo hable con un amigo
Luego de cortarme y limarme las uñas impulsado por un hecho vergonzoso recordé. Eso ultimo fue la crítica y autocrítica a la forma en que vivimos, me refiero a el fin que le damos a nuestros hechos, que suele ser continuamente el mismo, a menos que estemos siendo condicionaos por nuestro incociente.
Solemos hacer las cosas pensándolas para que ese hecho en un futuro, cercano o lejano, logremos algo que nos satisfaga, y que podamos disfrutarlo, gracias a "algo" no todas las experiencias son como las describo, o no son exactamente como lo describo, pero si existen muchas.
Existe un problema, ese es el que hacemos para llegar a nuestro objetivo, no rutinizamos, nos nublamos, a veces cegamos, y no disfrutamos de nada, y disfrutar no es dejar de ser respozanble ni nada menos. A lo que voy es a que no tenemos por que cerrarnos en el fin de llegar a algo que anhelamos dejando de aprovechar y vivir las pequeñas cosas cotidianas.
Y existe un riesgo aún peor, el encontrarse, al momento de haber llegado a nuestro fin, que no nos llena, que no nos sentimos completos que algo nos falta, entonces pensamos que hicimos durante todo este tiempo, que a veces puede ser de unos pocos días, si tenemos suerte o nos leemos el panorama a tiempo, pero en las peores nos perdemos cosas de varios años. Y son tiempos que transcurren y cambios que sufrimos y un resultado que cuando lo encontramos, cuando nos enteramos de que esta pasando, percibimos ese cambio que por ahí no queríamos y llegamos a ser ese que no queríamos ser, no somos quien queríamos.
Se habla del inconciente pensando en reacciones impulsivas, acciones en las que no pensamos, mas yo pregunto, ¿no es nuestro inconciente el responsable de nuestras acciones más reales, más sentidas, más fieles a nosotros mismos?, ¡claro que si! Yo respondo. No son, tal vez muy correctas, pero puedo estar seguro que llevan a mejor fin que las otras.
Mi planteo podría pensarse, y decirse, que se inclina a ser un no pensante y actuar por impulso, pero no, que esto quede claro, yo siempre seré partidario de la moderación, en este como en cualquier otro caso, aunque uno siempre se inclina para un lado, ahora lo hago hacia la obediencia a mi inconciente, pero tal vez será así por que son mas los mucho los pensantes y quizá, erróneamente, yo los relacione con todos los pensantes.
En fin no lleguemos a ser quien jamás quisimos, pero tampoco votemos a Macri en 2011.
Aclaraciones:
- Este texto no fue releeido por el autor, sino inmediatamente publicado luego de escrito.
- Cambiar no es malo.
- La definición de inconciente, no es sin conciencia.
martes, 8 de diciembre de 2009
Buena gente.
- Má! ¿puedo ir con Brian a jugar a la plaza?
- Mmmhh… esta nublado, puede que llueva.
- Pero si llueve me vuelvo.
- Bueno, anda.
- ¡Llevo la pelota! ¡chau!
- Cuídate nene…
Y corriendo salió a la plaza, al rato de girar la pelota comenzó a chispear. La mamá de Diego salió a buscarlo, allí, en la plaza, se encontró con Liliana, no la conocía mucho. Ella le comento de un grupo de niños que los sábados se reunían para jugar y realizar diferentes actividades, mayormente juegos, Liliana pertenecía a una Iglesia. De esta manera invitaba a Diego para ir, él confundió acepto a pesar de que Brian ya se había ido, pero su madre o alentó, creía que Liliana era una buena persona:
- Vamos Diego te vas a divertir – dijo Liliana –
- Dale anda, después yo te vengo a buscar.
Diego fue, y la verdad es que se divirtió mucho, todos los chicos eran muy amigables, solo uno era un poco irritable, tonto diría Diego, pero de todas formas era divertido. Jugaron, cantaron, merendaron, y también aprendieron algunas cosas. Su madre fue a buscarlo al finalizar la reunión como había prometido. Camino a casa Diego se encontraba pensante:
- ¿Cómo la pasaste? – le pregunto su madre –
- Eeehh… bien má – contesto Diego -
- Que bueno.
- Pero… ¿Por qué sin conocerme fueron tan buenos?
- Creo que son buenas personas.
- Y que buenas… – susurro Diego –
martes, 3 de noviembre de 2009
Mejor así
El otro día laburando un poco, armando un para de sillas pa la casa, tuve que tirar dos viste, me colgué, no se como pero hice una de ma, no sabia que hacerle, taba ahí nadien la usaba, lo hablaba con la Moni:
- Y tírala negro – me decía-
- ¡Ta loca negra! ¿Como la voy a tira?
- Y, se tira en el tacho. No se Fabián dásela a Omar, en una de esas te da un par de verduras.
Entonces fui viste, le dije a Omar, buen amigo, la otra vuelta si nos habremos reído, si habremos tomado. Y sabe que si, me dio un par de verduras, justo le venia al pelo la silla. Le conté a la Moni y me decía:
- Que bien negro, hoy hago algo con la lechuga las cebollas las guardo pa mañana.
- La hicimo bien esta ¡eh!, por ahí me pongo a hacer cosas de ma y las cambiamo por algo, no se, lo que sobre viste.
- Mala no eh esa, pero no se, estamos bien así como tamo ¿no?
- Y si, tenes razón negra, mejor la dejamos pa otra. Así tamo bien.
Igual después de esa vuelta como que me sentía raro, como que algo taba mal viste, y le decía a la Moni:
- Che Moni así no vamo ma eh!
- Así como Fabián, ¿de que habla?
- Esto esta yendo mal, la vida, falta futuro, hay que ir pa delante negra.
- No se negro yo aca estoy muy piola, no te entiendo, vivimos bien.
La Moni no me entiende, ¡bueh! Ni yo me entiendo, pero para mi que sino no nos avivamos, esto va pa tranca, aunque estamos bien.
sábado, 24 de octubre de 2009
¿Quién gano?
Pero tres de los habituales jugadores eran en los que ella siempre pensaba, tres ancianos, de diferentes características, pero en fin de la tercera edad. Compartían el hábito de jugar en esa agencia, y siempre le agradecían a Mónica por su atención. A ella esto le llegaba muy profundo, y siempre que faltaba por enfermedad o alguna responsabilidad con su hijo, al volver preguntaba a Ricardo por sus preciados clientes, raramente este no sabía nunca decirle, ya que no le parecía verlos, a pesar de ser un hombre muy atento.
Uno de ellos llegaba generalmente por la tarde en su bicicleta estilo inglesa, la acomodaba sobre el poste de luz, bien apoyada para que no caiga, y siempre con mucha tranquilidad y paciencia continuaba atándole la cadena para la seguridad de esta. Una vez asegurada su, creía ella, muy preciada bici, ingresaba al local para hacer su jugada habitual, era de cambiar siempre el número, jamás repitió número mientras ella estuvo a cargo de la atención de la agencia. Su nombre era Flavio.
Otro era Héctor, el más habitué, un hombre de muy pocas palabras, o mejor dicho solo dos oraciones: “a los diez” y “a la cabeza”, además de esto, obviamente, nombraba los números a los cuales creía ganadores. Siempre agradecía con una sonrisa. Luego se retiraba, con un paso muy particular, que Maicol imitaba muy graciosamente, el hijo de Mónica era muy travieso, que se lo retara era bastante común. Mónica lo retaba y le decía no le faltes el respeto al señor, Maicol le decía: - ¿que señor Mamá?, Mónica más enfurecía y lo encerraba en el baño.
Y el tercer anciano en cuestión era Don Celso, hombre de jorobar si los hay, era terrible, él siempre decía que en su niñez fue más travieso que Maicol, Mónica lo contradecía, aunque por momentos se lo creía. Era un hombre de mucha parla, podía permanecer horas charlando en la agencia, a veces había que echarlo con la indiferencia. Era muy gracioso, muy seguido repetía los números, y siempre se ponía a explicar por que los elegía, lo gracioso era que siempre tenía una explicación diferente para los mismo números.
Un día, salió a la cabeza uno de los números habituales de Don Celso, Mónica muy contenta le pidió a Ricardo entregarle el premio ella a Don Celso. Ricardo le dijo:
- Móni, nadie gano hoy.
- Don Celso ganó, ¿no salió el 23?
- Si, pero nadie lo jugo.
Al otro día Mónica enfermo y falto, esta vez no volvió, pero jamás dejo de preguntar por sus clientes, ni de reclamar lo de Don Celso.